La historia de Valu
Una beba esperada durante años. Un diagnóstico que les cambió la vida. Una familia que no se rinde.
Valu llegó después de una espera de seis años. Una beba pequeña, gordita, dorada. Romina, su mamá, la sentía dormir pegada al pecho. Roberto, su papá, le hacía ruiditos con la lengua y ella se reía. Thiago, su hermanito mayor, se acercó a la cuna del hospital el día que nació, le tocó la naricita y dijo: "esta es mía". Así llegó Valu a la familia.
A las pocas semanas, Romina notó que Valu seguía amarilla. Los pediatras decían que era "ictericia normal del recién nacido". El tío Federico, enfermero del Hospital Notti, miró las heces blancas en el pañal y se quedó frío. Insistió. Los estudios confirmaron lo peor: atresia biliar. Una enfermedad gravísima en la que el hígado del bebé no logra eliminar la bilis. La operaron de urgencia. Volvieron a Mendoza con la esperanza puesta en una cicatriz. Pero la bilis no fluyó. El hígado empezó a apagarse.
Hoy Valu está en lista de trasplante. Pesa lo que un bebé mucho más chico. Su piel es del color del té cargado. Sus ojitos amarillos brillan. Se rasca en sueños porque la bilis acumulada le pica por dentro. Se alimenta por una sonda nasogástrica con una fórmula especial. Roberto ya hizo todos los estudios: es donante compatible. Va a darle a su hija un pedazo de su propio hígado.
Lo que esta familia pide no es un milagro. Es la diferencia entre llegar a la cirugía con todo cubierto, o llegar endeudados y agotados a la operación más importante de sus vidas. La obra social cubre la cirugía. No cubre los traslados aéreos a Buenos Aires, los meses de hospedaje, ni los inmunosupresores del primer año. Eso es lo que falta. Eso es lo que sumás vos.
Roberto le va a dar un pedazo de su hígado a Valu. Yo te pido solo un pedacito de tu día. Lo que puedas. De verdad: lo que puedas.